sábado, 30 de abril de 2011

Es imposible vivir sin respirar y sin amar. Es desesperante ver el tiempo correr tan aprisa que ni la más suplicadora lágrima lo detiene, ni el deseo más intenso, ni siquiera un poder supremo más allá de las estrellas. Solo queda esperar con la tristeza o satisfacción de los segundos que se marcharon, esa sobras que nos obsequian por pura lastima. Pasamos la vida haciendo planes, creando ideas para realizar el día de mañana, ¿pero habrá un mañana?, esa interrogante que jamás será respondida ni por el más sabio de los hombres. Qué hay del niño que tiene los días contados y que disfruta de sonreír, mientras que su madre llora a escondidas y pide un día mas para su pequeñito, que hay de ese soldado que combate en una guerra sin sentido y alberga la esperanza de que le alcance el tiempo para ver al amor de su vida o que me dicen de esa hija que despide a su papa cuando la lleva a la escuela y al regresar a casa le dan la dolorosa noticia que él ha fallecido en un accidente. Nadie entiende lo importante de vivir el momento y decir o hacer lo que queremos antes de ese otro día prestado que nos permiten vivir. Nada es para siempre, llega el momento en que todo se acaba, todas esas personas que conoces un día ya no estarán y todas tus pertenencias serán tan obsoletas como tu. Cada sendero que se toma nos lleva a lugares inciertos y desconocidos, a lo mejor el día de mañana es el más feliz que vivirás pero tal vez el más triste. Realmente cada día jugamos a la ruleta rusa y no nos damos cuenta de vivir sin rodeos, sin ataduras o complejos, solo vive y llena de alegría a los demás.

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